Alejandro González Iñárritu presenta una fascinante película ubicada una de las zonas más deprimidas de Barcelona en l que muestra con sensibilidad y de una forma magnética a su personaje central, magníficamente interpretado por Javier Bardem. Todo ello se ve resentido por la aparente necesidad de su director de alejarse ocasionalmente de su protagonista, rompiendo en demasiadas ocasiones la fluidez y ritmo de la película.
Uxbal vive en el Raval de Barcelona con sus dos hijos pequeños. Siempre al límite, su labor profesional se centra en suministrar bolsos falsos a los vendedores ilegales de las Ramblas, proporcionar trabajadores indocumentados a sus contactos en las obras y sobornar policías cuando es necesario. También tiene la habilidad real de comunicarse con los fallecidos antes de que estos partan y el frágil e inestable equilibrio que tiene su vida se ve sacudido por la noticia de que tiene cáncer y le quedan pocos meses de vida.
Hay películas que se describen con el calificativo de “estudio de personaje” y “Biutiful” fácilmente cae dentro del terreno cubierto por este apelativo pero sin llegar a hacerle justicia. El realizador Alejandro González Iñárritu presenta a su protagonista, Uxbal, en la última etapa de su vida y combinando momentos cotidianos, la necesidad de preparase para su conocido desenlace y algo de poética fantasía, lo explora en cuerpo y alma de una forma directa, gris y, a la vez, sensible.
Uno de los grandes pilares sobre el que se soporta este filme es la actuación de Javier Bardem, simplemente fantástica. Cuenta con la ventaja de tener un personaje empático a pesar de vivir en un mundo oscuro pero logra bordar la difícil tarea de aunar complejidad y credibilidad de una forma magnética. Alejandro González Iñárritu tiene bastante presente el peso de la actuación que tiene delante de la cámara y en multitud de ocasiones no duda en mantenerse cerca del rostro de Bardem y de la acción inmediata que le está sucediendo.
Cuando no lo hace y aleja su historia momentáneamente a algunas de las líneas argumentales de los personajes secundarios es cuando “Biutiful” se resiente enormemente en términos de fluidez y también narrativa. Además, toda la proximidad y atmósfera que ha creado con Bardem desaparece momentáneamente y cuando dedica algunos minutos a la relación entre los dos personajes chinos, al hermano del protagonista o a otros es cuando el filme parece encallarse, apreciación que se ve magnificada por su extenso tiempo de metraje, casi dos horas y media. Es bienvenida la novedad de ver una película de Alejandro González Iñárritu en la que no utiliza la estructura de “Amores perros” o “21 gramos” y apuesta por la profundidad en la exploración sin emplear demasiados artificios pero su evidente predilección por desarrollar mínimamente todas las historias de los personajes que ha creado es aquí una innecesaria distracción.
Ello no quita que el trabajo de los actores que interpretan a estos personajes no sea también destacable. Maricel Álvarez es una perfecta exmujer bipolar, Eduard Fernández está tan solvente como siempre y el personaje de Guillermo Estrella casi podría tener su propia película.
“Biutiful” lo tiene todo para ser una película perfecta, especialmente gracias a la labor de Javier Bardem y la habilidad de Alejandro González Iñárritu para crear el universo en el que se desenvuelve su personaje y proyectar tanto éste como todas las facetas del personaje central de una forma tan cautivadora como fascinante. Lamentablemente, ha querido complementar demasiado esta historia, rompiendo excesivas veces el gris e hipnótico hechizo que crea con gran facilidad. |