El director regresa al género con el que se dio a conocer con el mismo tono de terror con toques de comedia y entregando una cinta que recuerda más a las que se hacían años atrás que al cine de terror que se hace actualmente. El filme es un buen divertimento para sus fans, pero fuera de ese círculo poco atractivo tiene.
Christine trabaja en un banco y es la encargada de administrar los préstamos concedidos por su oficina. Tras negarle un aplazamiento en el pago de su hipoteca a una anciana gitana por miedo a que su jefe no le conceda su ansiado ascenso, recibe de su parte una Lamia, una maldición sobrenatural. Tras consultar con un espiritista, se percata del peligro que corre ya que es perseguida por espíritus demoníacos cuyo objetivo final es llevarla al infierno. Cuando Christine intenta arreglar la situación con la anciana, es demasiado tarde ya que esta ha fallecido.
El director estadounidense Sam Raimi es básicamente conocido por tres triologías. La más reciente es “Spiderman” aunque lo que le dio su popularidad y estatus de director de culto fueron el trío de “Posesión Infernal”. En un próximo futuro se espera que entregue la cuarta parte de ambas pero mientras tanto ha realizado con “Arrástrame al infierno” una incursión al género que parecía tener olvidado. Su mezcla de terror, comedia negra y sarcástica y el aroma de serie B es algo que sabe manejar, y durante la primera mitad de la cinta lo hace a la perfección. Su punto culminante llega con la escena del coche en el aparcamiento, y no ha transcurrido más de media hora de metraje. Desafortunadamente a partir de ese momento el filme va perdiendo fuerza e interés, volviéndose más en un recuerdo del género de terror de los años 70 que culmina con una serie de secuencias finales que no están a la altura del inicio. “Arrástrame al infierno” cuenta con Alison Lohman en el papel protagonista, quien soporta todo el maltrato físico y mental al que el director la somete con una entereza que choca con su frágil aspecto. Justin Long la acompaña en este viaje, pero su personaje es más un anodino espectador que un aporte positivo a la historia. La película es una vuelta de Sam Raimi a contar historias demoníacas con un tono desenfadado y sin límites, que cuenta con varias secuencias que hacen recordar su habilidad dentro del género pero cuenta con una historia sin nada especial que desarrolla de forma correcta pero sin aportar nada nuevo al espectador. |