Con los elementos de las grandes épicas, esta notable producción mexicana consigue un gran esplendor visual pero no así argumental, encerrándose en una historia bien construida y narrada que se queda pequeña y que no sabe ni explotar ni enlazar con el trasfondo político y social que el filme presenta.
Catalina es una adolescente en los años 30 que vive en Puebla. Al conocer al General Andrés Asencio se siente atraída por su imagen masculina, experiencia y viendo en él una forma de salir de su casa para descubrir otras experiencias que la vida le puede ofrecer. Se casan y poco a poco el carácter real de Andrés, duro y egocéntrico, se va mostrando. Andrés tiene la aspiración de ser gobernador y para conseguir llegar a ser posteriormente presidente del gobierno, y en su ambición emplea métodos que, junto con su pasado, poco a poco se le hacen más difíciles a Catalina de ignorar. Cuando un joven director de orquesta e idealista aparece en su vida, ella se enamora de él.
Rodada con grandes medios, “Arráncame la vida” tiene los ingredientes necesarios para ser una gran película. Una historia de un trío amoroso, el trasfondo de la realidad de México en los años 30 y 40 tras la revolución, intrigas, secretos y demás. Tiene una conseguida ambientación y una gran cinematografía, pero la historia se queda corta. Centrada en el personaje femenino principal, la película sólo da pinceladas de lo que está ocurriendo a más de un palmo de ella y su historia personal resulta interesante pero no apasionante. El filme da a entender con acierto que los tiempos convulsos que vivió México en esa época encierran un atractivo y un gran potencial dramático. Lamentablemente, la película no entra más que accidentalmente en ellos y pierde la posibilidad de enlazar de mejor forma la vida de su protagonista con la historia del país. “Arráncame la vida” se queda en una película muy bien hecha y que narra con estilo y calidad una historia particular que podría haber sido mucho más. |