El escritor Nick Hornby adapta un texto ajeno con sensibilidad y humor, dándole a la historia no sólo calidez sino también un inusual suave desarrollo narrativo, en el que ningún personaje se encuentra desaprovechado ni desdibujado. La directora Lone Scherfig captura perfectamente el tono del guión y entrega una película llena de notables interpretaciones que pierde su parte de rumbo en el tramo final.
Jenny es una chica de 16 años en el Londres de principios de los 60 enfocada en sus estudios y su meta de ser admitida en Oxford. Tras iniciar una relación con David, quien le dobla la edad, otro mundo se abre ante ella. Empieza a ir a elegantes restaurantes, conciertos de jazz y viajes a París. Jenny pasa de ser una joven estudiante modelo protegida por sus padres a convertirse en una chica que se mueve en el mundo adulto.
Esta historia de una chica saliendo de una conservadora juventud y entrando en el mundo adulto a través de una persona con dinero y moderna está narrada con una gran chispa y atractivo. Lone Scherfig, directora de “Italiano para principiantes” y “Wilbur se quiere suicidar”, reconstruye con encanto el ambiente de la época y transmite con gran estilo la emoción del descubrimiento que experimenta su personaje central, perfectamente interpretado por Carey Mulligan. Está ayudada por una gran fotografía, pero las imágenes nunca parecen artificiales o rodadas con más ornamento de lo que la fluidez de la narración requiere. En el centro del proyecto está el guión de Nick Hornby, cuyas varias de sus novelas se han llevado a la gran pantalla (“Alta fidelidad”, “About a boy” y dos veces “Fever Pitch”) y que en esta ocasión adapta las memorias de Lynn Barber. Horby realiza un gran trabajo con su adaptación, ya que consigue trasladar magníficamente los atractivos que normalmente tienen sus novelas al lenguaje cinematográfico. Su punto de seriedad, ligereza y tono está perfectamente medido, sabiendo combinar un desarrollo nada brusco y completamente fluido con una ajustada sensibilidad y una inteligente evolución de sus personajes. Hornby crea personajes completos y les da espacio, algo que los actores aprovechan para coger aire y entregar en conjunto interpretaciones a un alto nivel. La historia se plantea y en parte evoluciona de forma sobresaliente, pero incluye siempre la sombra de la duda sobre el personaje interpretado por Peter Sarsgaard que acaba jugando un innecesario papel clave. Como relato, “An education” está ligada a la veracidad de las memorias de Barber, pero desde el punto de obra de ficción que en apariencia la película tiene, la realidad de esta historia hace que pierda parte de su propósito y desvirtúe el desarrollo seguido. En su tercer acto, la historia deja de ser ya totalmente sobre la evolución del personaje femenino central y su choque con la realidad, ya que su desengaño no es consecuencia lógica sino una forma de maquinación.
“An education” es un filme de gran calidez, encanto y que contiene la dosis justa de amargura para narrar la aventura de la llegada súbita de una chica a lo mejor de una vida adulta y sus consecuencias, y que gracias sus enormes virtudes consigue resistir el vaivén que supone la en parte excesiva facilidad de su desarrollo final. |