De un director que normalmente nos ha acostumbrado a un cine más interesante, Edward Zwick, llega una comedia romántica con algo más de madurez y que inicialmente promete ser una buena aportación a un género maltratado pero se muestra irregular en su desarrollo y sucumbe irremediablemente a una fórmula hollywoodiense excesivamente usada. Anne Hathaway es lo más destacable del filme, quien afortunadamente no se encuentra lastrada por Jake Gyllenhaal, correcto pero sin chispa.
Jamie es un joven proveniente de una familia adinerada que ha dejado la universidad y se gana la vida como vendedor. Encuentra trabajo como representante de una empresa farmacéutica y entre sus flirteos con enfermeras y colegas conoce a Maggie, una joven enferma de párkinson y con quien inicia una relación. Para sorpresa de ambos, sus sentimientos evolucionan hacia lo que es una relación, aunque ninguno de las dos quieren estar en una.
Si en algo se asemeja esta película es a su propio personaje principal. Este joven vendedor a sueldo de una farmacéutica tiene encanto, sabe moverse con comodidad en diferentes circunstancias, nunca es realmente sincero y cambia de discurso a conveniencia. La película es igualmente fácil de ver, tiene un poco de chispa, dos actores que lucen en pantalla pero siempre quiere venderse a sí misma y cambia el producto cada veinte minutos. Por un lado intenta ser una película sobre relaciones un poco más adulta de lo que es habitual, por otro una comedia romántica facilona al estilo Hollywood, una pizca de crítica velada al sistema sanitario también está presente y finalmente está el libro en el que se basa el filme, el cual relata simplemente las peripecias de un vendedor haciendo todo lo posible por colocar sus productos. ¿Y por qué no hablar de una de las enfermedades más deshumanizadoras sobretodo en la gente mayor como el párkinson? A mitad de camino y de devaneos, el director Edward Zwick parece acordarse de que el encargo es de hacer una comedia romántica, con lo que vuelve a cambiar el tono y desaprovecha muchos de los elementos del filme, incluyendo la construcción de la relación entre ambos personaje en pos de las típicas escenas de pelea-reconciliación y discursito final.
El filme se basa en las memorias escritas por Jamie Reidy, un vendedor de Pfizer que revela las cuestionables prácticas de sus compañeros de profesión, enfermeras e incluso médicos, un libro divertido escrito con acidez. A este material, de tono tan complaciente como crítico, se le ha añadido el interés amoroso del protagonista, personaje de Anne Hathaway, invención cinematográfica que, intentando darle algo más de peso a la historia, está enferma de párkinson a los veintiséis años. El verdadero Jamie Reidy dejó Pfizer cuando no consiguió su ascenso y posteriormente trabajó otros cuatro años para otra farmacéutica de la cual fue despedido. Como era esperable, el final de la película es diametralmente opuesto.
“Amor y otras drogas” es en realidad una comedia romántica pura y dura que sigue todos los cánones del género y la cual, de vez en cuando, deja ver un poco los temas que realmente debería haber tratado. Es bienvenida cierta madurez en la aproximación de la relación entre ambos protagonistas y la película siempre resulta agradable y entretenida, aunque superficial. Las prácticas de las farmacéuticas o la dureza de una enfermedad como el párkinson no son tratadas con total simpleza pero sí de forma circunstancial. Inicialmente la película engaña, ya que cuando se ponen todos los elementos al principio, el filme parece prometer algo más. Solamente una escena destaca en la película, la reunión de enfermos de párkinson, único momento verdadero, divertido, triste y conmovedor a la vez.
El realizador Edward Zwick logra una agradable película pero está lejos de sus anteriores títulos, especialmente la notable “Diamantes de sangre”. Lo más destacable aquí es que consigue una interpretación con gran chispa y vulnerabilidad por parte de Anne Hathaway, lo mejor del filme. Jake Gyllenhaal no se muestra excesivamente incomodo en el terreno cómico pero parece que el dolor de cabeza provocado por su anterior filme, “Prince of Persia”, todavía le dura y no consigue que su personaje no parezca un egocéntrico acabado.
Al final, el personaje de Jake Gyllenhaal y el filme en general llegan al destino esperable en las comedias románticas, acentuando un tono y un estilo facilón que lamentablemente no tenía la película inicialmente y el cual hacía pensar que el tráiler era engañoso y que “Amor y otras drogas” era en realidad ácida, divertida y algo pensada. Desafortunadamente el espejismo dura sólo media hora. |