Esta historia personal del director, rodada con sensibilidad y tono intimista, presenta un guión con tres partes demasiado diferenciadas. Cada una de ellas contiene interesantes elementos para ser una sola película y, unidas, pecan de falta de desarrollo por falta de tiempo de metraje.
Marcel, un niño de seis años, es abandonado por su madre. Ella se marcha a Berlín siguiendo a un músico de jazz y el niño es criado por su abuelo en un pequeño pueblo. Cuando Marcel tiene veintiún años, planea irse de casa de su abuelo para iniciar una vida con su novia. Pero el abuelo enferma de Alzheimer, el joven Marcel decide posponer sus planes y quedarse con él para cuidarle.
Con un ritmo pausado y mucha melancolía, el director Freddy Mas Franqueza presenta una historia tal vez demasiado personal. La película está estructurada en tres bloques: el abandona, la enfermedad de Alzheimer y un reencuentro posterior. Las ideas y las emociones que se muestran en cada una de las partes tienen gran complejidad y hubiesen requerido de una mayor profundización. Tal y como se ha realizado, se puede apreciar la intención y la necesidad del director de incluir todos estos elementos, pero el guión parece que no sabe interconectar de la mejor forma las tres partes que lo componen. Los tres episodios, que son emocionalmente claves para el protagonista, quedan narrativamente faltos de unión, como por ejemplo, no se hace evidente el trauma de la ausencia de la madre en el segundo bloque pero es extremadamente importante para el tercero. La película cuenta con la siempre agradable presencia de Héctor Alterio, quien le proporciona toda la calidez, tristeza y añoranza que requiere su papel. “Amanecer de un sueño” es un filme emotivo que encierra un drama con un buen planteamiento, pero que podría haber sido explorado mucho más. |