El director Rodrigo García crea un atractivo marco para que Glenn Close pueda lucirse con una historia de búsqueda de identidad tras encerrarse en un papel que el personaje central ha creado para sí mismo. Desafortunadamente todas estas intenciones narrativas, inteligencia y equilibrio que el filme posee en su primera parte desaparecen sin demasiado sentido persiguiendo una trama que nunca acaba de encajar.
Sinopsis: Albert Nobbs es un atento, serio, impecable y callado mayordomo que traba en una casa de huéspedes en la ciudad de Dublín de la época victoriana. Cuando una noche es obligado a compartir la cama con otro empleado su secreto es revelado, Albert es realidad una mujer que lleva más de 30 años siendo un hombre.
En 1982 la actriz Glenn Close interpretó a Albert Nobbs en su versión teatral y desde entonces ha intentado llevarlo a la gran pantalla. Problemas de financiación, salidas de actores y otras complicaciones lo habían impedido en varias ocasiones hasta que finalmente, casi dos décadas después, se puede ver en la gran pantalla esta historia basada en un relato del escritor George Moore. Glenn Close produce, firma el guión e interpreta el rol principal, siendo ella el alma máter de esta película.
Es indudable que un personaje central como el de este filme produce inmediatamente cierta fascinación e interés. Albert Nobbs es no sólo una mujer que se viste como hombre, sino alguien que en un periodo tan atractivo visualmente como el victoriano, ha creado una personalidad que emplea como fachada que ha hecho que la suya propia se haya diluido por completo. La gran pregunta en este filme es quién es Albert Nobbs, cómo viven sus dos facetas dentro de esta persona y cómo se resquebraja la máscara que ella misma se ha creído cuando ve que puede conseguir más.
Ello es irremediablemente un material que tiene el potencial para crear una pieza de estudio de personaje completamente absorbente pero el guión parece tener otras intenciones. La primera media hora de la película en la que se establece el escenario, el personaje y las rutinas del hotel donde trabaja es lograda y prometedora. Cuando se introduce el elemento de ruptura de la cotidianeidad de la vida de Albert Nobbs con la figura del pintor Hubert, todo parece indicar que se sigue por un camino a la vez inteligente, capaz de adentrarse en la introspección del protagonista y a la vez dotado de una bienvenida carga humorística. Lamentablemente es un engaño ya que el guión se va por otros derroteros que poco o ninguna lógica tiene. Nobbs empieza a hacerle la corte a la joven más atractiva del hotel, la cual sabe que tiene un tórrido romance con un joven de pocos escrúpulos y quienes planean robarle todo el dinero que religiosamente Nobbs ha ahorrado. Ninguno de los dos jóvenes son personajes mínimamente interesantes y no es que no aporten nada a la historia, la narrativa que presentan destruye cualquier posibilidad de ver las diferentes capas humanas que Albert Nobbs posee.
A medida que avanza la trama se va evidenciando que un dramatismo fácil se va apoderando de la historia y que poco más tiene que contar más allá de su sólido y atrayente planteamiento. Es evidente no obstante que la película sirve de escaparate interpretativo para Glenn Close, quien especialmente en el primer tercio de la película es capaz de componer un personaje sin apenas diálogo y de forma creíble, algo complicado en este caso. Después el material que ella misma ha coescrito poco espacio le deja para adentrarse plenamente en protagonista. Curiosamente las escenas que comparte con Janet McTeer, quien encarna al pintor Hubert, es Glenn Close quien se ve completamente eclipsada, tal vez debido a que este personaje secundario resulta al final más interesante que el principal. Mia Wasikowska y Aaron Johnson son competentes y presencias bienvenidas pero sus papeles deberían haber sido reescritos de una forma más inteligente. El reparto principal lo completan Brendan Gleeson y una gran Pauline Collins como dueña del hotel, una pena que no tenga más minutos ya que la composición que hace de esta mujer es insuperable.
Al final el gran atractivo de "Albert Nobbs" no reside tanto en el plano interpretativo como era más esperable sino en su puesta en escena, su cuidada producción y en el potencial de un planteamiento, el cual después de la pasión que Glenn Close ha demostrado por el proyecto podía haber derivado en una pieza mucho más interesante. |