Con buen tono y ritmo, esta película de cine negro sabe como mantener la tensión a lo largo de toda la trama. Sus buenas actuaciones y absorbente principio sustentan un guión que cada vez va forzando más sus giros argumentales llegando a un final desmerecedor.
Un joven delincuente de poca monta se ve forzado de salir de Madrid. Al llegar a Galicia, crea su oportunidad de entrar a trabajar en una empresa de pescados que también se dedica al negocio de la droga. Gracias a sus agallas, el jefe se fija en el y lo convierte en su ayudante. Con este ascenso llega una parte de su ansiada nueva vida en un mundo en el que nadie se puede fiar de otra persona y, especialmente, cuando este jefe y capo tiene su propia agenda.
El principio de esta película tiene una gran fuerza y consigue sentar un tono inicial absorbente. Los dos actores principales, Carmelo Gómez y Hugo Silva, mantienen perfectamente la historia a lo largo de todo el filme gracias a sus destacadas interpretaciones. Este guión tiene la apariencia de robustez y de buen funcionamiento de sus giros narrativos. Pero al llegar al final, éste es demasiado fuera de tono e inverosímil, y hace que las situaciones anteriores se revisen negativamente. Este último giro hace que se vea que la historia ha ido evolucionando de forma cada vez más forzada. Un fundido negro final en la escena del personaje principal mirando al cielo en el barco hubiese conseguido una cinta mucho más redonda y hubiese dejado mejores sensaciones. Pero aun así se puede disfrutar enormemente de este buen filme de mafiosos españoles, un género con pocos ejemplos destacables. Cuenta con una destacada producción que le da una imagen de calidad al filme, su buena dirección narra la historia con ritmo y los actores llenan la pantalla, pero al guión le falta un mejor final y una revisión del desarrollo del puzle de intrigas que llevan a esta conclusión. |