De una forma sensible y bella, esta película se mueve entre la lírica y la emoción sin caer en el sentimentalismo ni usar los recursos de la tensión o el suspense, narrando una historia que se mueve entre la vida y la muerte y que en última instancia intenta abarcar más de lo que puede. Sí logra la atmósfera y el estado anímico que se propone con facilidad gracias especialmente a sus intérpretes, Romain Duris en su primer papel en ingles y a un perfectamente ajustado John Malkovich.
Nathan es un reputado abogado de Nueva York de origen francés recién separado de su mujer. Su vida se ve sacudida cuando un doctor se presenta en su oficina afirmando que es capaz de sentir cuando una persona está a punto de morir y que su misión es ayudar a estos individuos a poner su vida en orden antes del momento final. A pesar de que Nathan no concede ningún crédito a esta persona que se autoproclama como “mensajero”, poco a poco es testigo de acontecimientos que le dan cierta credibilidad.
Basándose en la novela de gran éxito en Francia “Et après”, escrita por Guillaume Musso, el realizador Gilles Bourdos adapta y dirige un relato centrado en la aceptación de la propia mortalidad y la reconsideración de nuestras prioridades en la vida que llevamos en la sociedad actual. Su protagonista, un adicto al trabajo separado de su gran amor y alejado emocionalmente de su hija, inicia un viaje interior cuando se convence de que va a morir. A pesar de no tener ninguna prueba mas que la presencia de un misterioso doctor, el viaje de este personaje es completo. Sin excesos dramáticos, con sencillez y contención, el director plasma este drama con belleza y sensibilidad el sentimiento, la emoción y toda la carga que lleva su protagonista a lo largo del filme. Aun así, el peso de la idea que mueve la historia es demasiado profundo e existencialista como para que “Afterwards” o ninguna otra película pueda tener un éxito completo. Intentar dar sentido a la vida y existencia a través de nuestra propia mortalidad es plasmable en una historia de forma notable como en este caso, pero siempre se quedará inevitablemente corta.
Guillaume Musso presenta un guión que, a pesar de la temática, se mueve prácticamente sin sobresaltos, de forma fluida y que emplea su elemento sobrenatural con total armonía y sin abusar de él. Con acierto, este filme no intenta ahondar en el misterio de poder ver quién está a punto de morir si no en el peso y la vida de sus personajes. “Afterwards” no es en ningún momento una cinta de misterio o un thriller psicológico, es siempre una película de personajes y estudios interiores, prácticamente contenida en dos personajes.
El peso principal en este aspecto recae en el notable actor francés Romain Duris (“Los seductores”, “De latir mi corazón se ha parado”), quien realiza una destacada labor pero que evidentemente se encuentra menos cómodo al interpretar en inglés en vez de en francés. A pesar de resultar algo estático y seco en algunos momentos, siempre está en sintonía con su personaje. John Malkovich (“El gran Buck Howard”, “Quemar después de leer”) como es habitual en él, llena completamente su papel secundario encarnando al misterioso mensajero.
El nivel interpretativo en “Afterwards” es lo que le da una gran solidez a este filme y a pesar de no ser una película perfecta e incluso pretenciosa temáticamente, sí logra transmitir con sensibilidad y armonía una historia que representa mucho más y que apuesta por hacer un tipo de cine inteligente y reflexivo. |