Con un estilo de cine familiar, una buena producción, notables efectos especiales, Hugh Jackman como protagonista y un esbozo de historia, esta película cumple perfectamente como entretenimiento banal y además sabe dejar mejor sabor de boca de lo que era esperable, aunque ello no quita su previsibilidad y simpleza.
Sinopsis: En un futuro cercano, el boxeo entre humanos ha desaparecido y sustituido por el boxeo entre robots. Un promotor sin éxito y uno de los últimos luchadores humanos se le está acabando la suerte hasta que ve la opción de cobrar por dar en adopción a un hijo que nunca conoció. En el mes que tiene que pasar juntos, su hijo encuentra un robot descartado y desfasado que puede tener la oportunidad de llegar a ser un campeón.
En 1956 el reputado escritor de ciencia ficción Richard Matheson planteó en una historia corta el escenario de que el boxeo entre humanos ha sido abolido y los luchadores han sido sustituidos androides. Su "Steel" se llevó a la pequeña pantalla en un capítulo de "La dimensión desconocida" y ahora sirve de marco para una película casi de corte familiar que intenta aunar la trillada y sensiblera historia de un niño reconectando con su padre pero en un mundo dominado por los efectos digitales.
A pesar de que la exaltación del boxeo entre niños y adolescentes pudiera ser ligeramente cuestionable, el director Shawn Levy ha vuelto a emplearse en combinar una acción de ambiente para todos los públicos (a pesar de los golpes mecánicos) junto con escenas de acción, tal y como hizo el realizador en las dos primeras partes de "Noche en el museo". Sin representar un alarde de originalidad ni de imaginación, Levy se demuestra como un director competente que sabe poner los ingredientes justos para sacar un filme de entretenimiento hollywoodiense.
En su corazón, la historia que mueve a los personajes es un cliché puro aunque se les ha dado los mínimos matices para poder llamarlos propiamente personajes, los efectos especiales son vistosos pero no apabullantes, las actuaciones son convencionales pero con actores que lucen en pantalla y para jugar sobre seguro, mejor copiar gran parte de la historia de "Rocky" incluido su tramo final aunque la gente se dé cuenta.
Es decir, "Acero puro" es un entretenimiento producido con solvencia si uno decide no pensar mucho en el sentido de gran parte de lo que se muestra (por ejemplo, los robots golpeándose en sus mandíbulas parece ser los más efectivo, los niños son ingenieros y los servicios sociales de menores inexistentes). Sabe emplear su dramatismo emocional de un niño de aptitudes precoces descubriendo quien es su padre que le abandonó al nacer con la suficiente ligereza como para no hacer odiar al protagonista y a la vez el filme consigue crear el satisfactorio desarrollo dramático esperable.
El actor Hugh Jackman vuelve a encontrarse con uno de esos personajes que parecen sentarle tan bien, al estilo del que hizo en "Operación Swordfish", quien además crea una química empática con el joven Dakota Goyo, quien con doce años ya lleva dos superproducciones seguidas. Evangeline Lilly completa el reparto humano, aportando el interés afectivo.
En su corazón, la historia se basa en las emociones humanas de sus protagonistas aunque ello sea una caricatura de lo que pretende. Sorprendentemente funciona en el plano emocional, ya que apoyándose de la historia de "Rocky" y de unos efectos visuales conseguidos, el filme consigue dejar la misma sensación en el cuerpo que cuando uno ve a su equipo de futbol favorito marcar el gol de la victoria en el tiempo de descuento. Podrá haber jugado pobremente algunas de sus bazas pero cuando se acaba el partido, deja una incomprensible sensación de satisfacción. |