El guión hace aguas por todas partes, la historia roza el absurdo en varias secuencias y los actores tienen graves problemas para enunciar con un mínimo de convicción el pésimo diálogo que les ha tocado, pero los efectos especiales son tan espectaculares como el filme promete, permitiendo ver el fin del mundo en toda su gloria digital desde una butaca de primera fila.
Tras una erupción solar de gran potencia que ha lanzado neutrinos contra nuestro planeta, éstos han penetrado en la corteza terrestre y el centro de la Tierra se ha empezado a calentar. La Casa Blanca es el primer gobierno en detectar el peligroso fenómeno y junto con el resto de administraciones del G-8, deciden ocultarlo al público y prepararse para el irremediable desastre. Pocos años después, el fin llega anticipadamente y mientras algunos han conseguido comprar asientos vendidos por el gobierno dentro de su plan para salvar la humanidad a un precio astronómico, un hombre que se ha enterado de su existencia por casualidad y su familia luchan por llegar a la base donde pueden salvarse en plena destrucción del mundo alrededor suyo.
El director alemán Roland Emmerich ha demostrado tener cierta afición por destruir edificios, ciudades y todo lo que pueda en la gran pantalla. Con “Godzilla” lo hizo a menor escala, pero en “Independence Day” y “El día después de mañana” (The Day After Tomorrow) ya se pudo ver con toda espectacularidad los efectos de la devastación. Tras probar suerte con la prehistoria y no conseguir un éxito de taquilla con “10.000 A.C.”, el director vuelve a presentar un escenario de fin del mundo con “2012”. Para ello recurre a la combinación que ya le había dado éxito, al menos en cuanto a recaudación se refiere, y cuenta de nuevo con un guión de chiste, efectos especiales a mansalva, alguna mala broma por el camino y un final que deja a todo el mundo satisfecho. “2012” tiene un guión completamente irrisorio, en el cual destacan sus explicaciones científicas que parecen más interpretaciones sobre brujería y un diálogo tan simple y triste que resulta increíble que haya sido escrito por una persona adulta. Los 260 millones de dólares de presupuesto no han sido suficientes para contratar a un guionista medio decente, pero sí han permitido generar unos fastuosos y sensacionales efectos especiales. Roland Emmerich debería haber cortado gran parte de sus dos horas cuarenta de película y haber dejado lo que la gente realmente quiere ver, la destrucción del mundo en todo lujo de detalles y que el director ha creado de forma magnífica. El resto de minutos, que son llenados con varios personajes y sus historias que se entrecruzan son la plasmación del guión firmado por el propio Emmerich y Harald Kloser, son el punto más flaco del filme. Lo único que permite seguir el visionado de la historia es el elenco de conocidos actores quienes consiguen darle cierta apariencia de personaje a los esquemáticos dibujos que tienen que interpretar. El reparto está encabezado por John Cusack y cuenta con Amanda Peet, Chiwetel Ejiofor, Thandie Newton, Woody Harrelson, Oliver Platt y Danny Glover entre otros. “2012” tiene buenos actores que podrían haber aportado algo más si la película contase un guión que lo permitiese, pero los efectos digitales de la destrucción de Los Ángeles son lo que compensan el ver esta película. |