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En la edición de los Óscars número 81, celebrada en febrero de 2009, el actor Heath Ledger ha ganado el Óscar al que optaba como mejor actor de reparto. Este premio viene precedido de expectación y campañas tanto a favor de su nominación como del otorgamiento de la estatuilla. Éste es uno de los pocos casos en los que ocurre, ya que Hollywood nunca ha querido acercarse a la sombra de la muerte de sus miembros y, especialmente, la de sus estrellas. La “Academy of Motion Pictures Arts and Sciences”, quién otorga sus premios conocidos popularmente como “Óscars” y formada por seis mil miembros entre artistas y profesionales del mundo del cine, jamás ha sido partidaria de dejar que el vacio de personas que ya han desaparecido se suba al escenario para que se le pueda rendir un último homenaje ante el público.
En todos sus años de historia, desde la primera edición en 1928 hasta la edición de 2009 inclusive, hay únicamente ocho nominaciones póstumas para actores y jamás un director ha recibido una. Sólo Heath Ledger como actor de reparto y Peter Finch en 1977 como actor principal en “Un mundo implacable” han recibido finalmente el premio. En la lista de actores nominados están Spencer Tracy por “Adivina quien viene a cenar esta noche”, un caso atípico y quien seguramente no ganó al tener ya el intérprete dos Óscars; la actriz Jeanne Eagles, fallecida en 1929 con 36 años, por su segunda película con sonido “The Letter”; el actor inglés Ralph Richardson investido caballero en 1947 y quien por “Greystoke” sumó su segunda nominación en 1984 y en este caso póstuma; y Massimo Troissi, actor, guionista y director italiano nominado por su actuación en ”El cartero (y Pablo Neruda)” quien falleció doce horas después de rodar la última escena del film. El último nombre de la lista y que destaca especialmente es James Dean. Tras su muerte, recibió dos nominaciones póstumas consecutivas: la primera en 1955 por “Al este del Edén” y la segunda en 1956 por “Gigante”. Convertido desde el momento de su fatal accidente en un mito y arrastrando un gran efecto mediático, la academia debió considerar suficiente esfuerzo por su parte el reconocimiento con dos nominaciones y el actor no ganó ninguna. La candidatura de Heath Ledger se puede comparar al caso de James Dean, tanto por la juventud de ambos interprétes (Dean tenía 24 años al morir y Ledger 28), la calidad de ambos actores (Ledger ya fue nominado como mejor actor principal por “Brokeback Mountain” y Dean lo demostró con “Al este del Edén”, “Gigante”, y “Rebelde sin causa”) además del grupo de admiradores que tenían y el efecto mediático que propició la muerte de cada uno.
Pero con Ledger, la Academia ha entregado un galardón rompiendo su tendencia. Nominar y premiar a alguien joven y sin una extensa cinematografía a sus espaldas con una actuación especialmente marcada por el hecho de su muerte. Sin poner en duda la buena actuación de Ledger, su estatuilla parece más un reconocimiento de sus actuaciones y potencial mostrado pero truncado al haber ya fallecido que por su trabajo concreto en “El caballero oscuro”. Un hecho nada común dentro del trato que da Hollywood a la muerte de sus mitos a excepción de Peter Finch, quien recibió su Óscar póstumo al morir con 64 años.
Este reconocimiento tras la muerte de la persona es algo inusitado dentro de los Óscars y en general, del mundo cinematográfico. Tal es la actitud, que a Stanley Kubrick su filmografía no le valió ni tan siquiera para una nominación póstuma por su dirección en “Eyes Wide Shut”, y extrañamente sólo había ganado un Óscar en toda su carrera, además compartido con el resto del equipo, por los efectos visuales de “2001: Una odisea en el espacio”. Pero hay más nombres, como por ejemplo Richard Harris, nominado dos veces al Óscar, murió poco después de una de las entregas de Harry Potter. Clark Gable tras finalizar “Misfits”, “Silent Tongue” con River Phoenix se estrenó al año siguiente después de su muerte o alguien tan diferente como Bruce Lee falleció poco después de finalizar el rodaje de la mítica “Enter the Dragon”. En muchos casos, el último trabajo de grandes nombres es probable que no sean tan brillantes como otras en su carrera y en consecuencia no meritorias de una nominación a los Óscars.
Para evitar este tipo de situaciones y tener la obligación moral de nominar y ocasionalmente premiar a personas por el mero hecho de haber fallecido y especialmente aquellos a los que no se había honrado anteriormente con ningún Oscar, la Academia tiene desde su primera edición el recurso de los Óscars Honoríficos. En muchos casos, actores, directores y otras personas relevantes en la creación de películas jamás fueron galardonadas por la Academia y para corregir el error premiando últimos o póstumos trabajos de calidad inferior al resto de competidores en la categoría, se entregan estos Óscars Honoríficos. Además se dan normalmente cuando se considera que la carrera de ésta persona ha concluido o está en su más último estadio pero todavía se puede celebrar en vida. Este recurso que tiene un aura de jubilación aunque esta sea anticipada ha sido una excelente fórmula para Hollywood de rendir un tributo por su parte a grandes nombres que nunca lo habían recibido. Ésta ha sido la tónica de los últimos años, compensar la falta de reconocimiento de personas aún vivas que nunca fueron recompensadas en ningún momento con un Óscar.
En el 2009, coincidiendo con el premio de Heath Ledger, no se ha entregado ningún Óscar Honorífico. En la gala anterior, el galardonado con este premio fue Robert Boyle, director artístico nacido en 1909, que con cuatro nominaciones y más de sesenta títulos con su nombre como “A sangre fría”, “El cabo del miedo” o “El caso Thomas Crown” representa uno de los grandes nombres de su profesión, especialmente en la década de los sesenta. En el año anterior, Ennio Morricone obtuvo su estatuilla honorífica a pesar de seguir haciendo música, pero sus cinco nominaciones y ninguna victoria, más el hecho de haber nacido en 1928, le convertían en un gran candidato. En 2005 fue el turno de Robert Altman, nacido en 1925 y que, a pesar de su trayectoria y cinco nominaciones, jamás ganó un Óscar por un trabajo concreto. Curiosamente, en su primera nominación en 1970 competía como mejor director por “Mash” junto con Federico Fellini y su “Satyricon”, quien con grandes títulos y doce nominaciones, únicamente recibió un Óscar, el honorífico, siete meses antes de fallecer en 1993. En 2004 se compensó a Sidney Lumet, quien sigue haciendo películas y acumula cinco nominaciones. Otros grandes olvidados en estatuillas pero a los que se quiso rendir tributo en vida con este recurso de han sido Kirk Douglas, Blake Edwards, Debora Kerr y Peter O’Toole.
Este último caso de Peter O’Toole es un ejemplo de cómo Hollywood cree terminado el momento a un actor, ya que cuatro años después de recibir su Óscar honorífico fue nominado por su más que notable actuación en “Venus”. Siguiendo otra tendencia de la Academia de no premiar a un actor tras recibir su reconocimiento con su Óscar honorífico, no ganó. Un caso similar de ceremonia de conclusión pero más extremo fue el de Paul Newman, quien tras siete nominaciones se le concedió el honorífico en 1986. Pero en contra de lo habitual, al año siguiente ganó como mejor intérprete por “El color del dinero” y fue nominado dos veces más, por “Ni un pelo de tonto” en 1995 y “Camino a la perdición” en 2002.
Algunos pocos también son excepciones de la norma de no premiar con este tipo de premio a personas que ya han ganado alguno en su campo anteriormente. Tal es el caso de Sidney Poitier, que gano un oscar como mejor actor en 1963 y otro honorífico en 2001, Robert Redford, quien ya tenía uno como mejor director antes de su reconocimiento en 2002 o el controvertido caso de Elia Kazan, quien ya tenía dos Óscar como mejor director pero extrañamente y con un gran revuelo mediático, se le concedió uno honorífico en 1999.
A modo de curiosidad, Charles Chaplin es un claro ejemplo de la política de Hollywood y sus decisiones a veces extrañas o precipitadas. Estrella del cine mudo, se le retiró su nominación como mejor actor para entregarle el primer Óscar honorífico en la primera gala celebrada en 1929 por su contribución al cine con la película “The Circus”. Posteriormente vinieron “Tiempos modernos”, “Luces de Ciudad” y “El gran dictador”, siendo nominada por esta última como mejor actor y guionista. Finalmente se le otorgó otro Óscar honorifico en 1971. Y de forma rocambolesca, en 1972, Charles Chaplin recibió su primer Óscar por una película concreta, por mejor música en un filme de 1952 no estrenado en Los Ángeles hasta 1971, con lo que pudo competir según las normas de la Academia.
Pero en todos estos casos hay un denominador común. La persona está todavía con vida. Hollywood no tiene ningún recurso para mostrar y reconocer la muerte de los suyos más que con un breve instante en la ceremonia de los Óscars de forma compactada y rápida. En un momento aparece el listado de las personas fallecidas ese año conjuntamente con algunas imágenes. Los nombres se muestran uno detrás de otro, en formato de títulos de crédito a ritmo ligero. No hay ningún tipo de reconocimiento a una carrera, a una aportación, algo similar a los Óscars honoríficos pero tras la defunción. No es igual de emotivo tener a un anciano con lágrimas en los ojos subiendo a un escenario con toda la audiencia de pié aplaudiéndole que tener a familiares y allegados recogiendo con solemnidad ese mismo reconocimiento por parte de sus compañeros de profesión.
Para Hollywood, si una persona ganó alguna vez un Oscar, ya tuvo su reconocimiento en su momento. No importa cuando se muere. Si no ganó uno, se le da el honorífico en vida en mitad del espectáculo de la gala con emoción y de forma enternecedora. Si uno no ha ganado nunca un Oscar de ningún tipo en vida, aunque haya sido una persona importante para el mundo cinematográfico o una reconocida estrella según sus estándares, no hay nada. Aparte de los ya citados Richard Harris, Bruce Lee, quien fue la figura más importante de las artes marciales en Hollywood u otro joven mito fallecido tempranamente como River Phoenix, la lista de personas con una sólida trayectoria que se quedó sin que Hollywood les galardonase es larga. Natalie Wood, Robert Mitchum, Richard Burton, Tony Curtis, Albert Finney, Thelma Ritter, Marlene Dietrech, Peter Sellers y Alfred Hitchcock entre otros murieron sin Oscar de ninguna clase, sin reconocimiento en vida por parte de la Academia y en consecuencia, tampoco tras su muerte.
El hecho de que se intente premiar a todos los nombres conocidos del mundo del cine con la forma de Óscars honoríficos cuando estos no habían sido reconocidos con anterioridad es una fórmula que, en términos generales, ha sido un éxito para la Academia. Éste galardón se entrega además siempre en vida en un acto con forma de espectáculo, ya que Hollywood parece querer que la magia del mundo del cine y de quienes la hacen posible no se vuelva más mundana con el reconocimiento del hecho de que las estrellas mueren. Pero lo que evidencia es que se haya o no recibido alguna vez un Oscar, jamás se reconoce la vida y carrera de un miembro de la industria cinematográfica tras su muerte. En Hollywood, el hecho de que una persona haya fallecido es algo que nunca se quiere poner delante de los focos. Por eso y viendo el funcionamiento de la Academia, sorprende el Óscar póstumo entregado a Heath Ledger, jamás dado a un director y segundo en toda la historia a un actor o actriz, ya que ni James Dean con dos nominaciones póstumas lo consiguió. Y su premio todavía destaca más en contraposición a una clara tendencia en esconder tras el telón el fallecimiento actores, directores y demás queriendo ignorar este hecho. Pero el poder mediático del actor, su buena actuación dentro de una película extremadamente comercial y un poderoso estudio detrás con un fuerte departamento de publicidad lo han hecho posible. Otros grandes nombres jamás tuvieron el privilegio de ser nombrados una última vez para recibir una ovación final. |
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